Proyecto de diseño de packaging y etiquetas de vino para varias marcas y varietales, incluidas referencias como Camponoble y Glorieta. El encargo consistía en crear una identidad visual propia para cada etiqueta, capaz de transmitir el carácter de cada vino —desde blancos como el Airén hasta tintos como el Tempranillo— sin perder coherencia como familia de producto ni renunciar a un acabado premium en el lineal.
Diseño etiquetas y prototipos para diferentes marcas y varietales.
El reto de un packaging de vino no es solo estético: la etiqueta tiene que comunicar en segundos el carácter del producto, diferenciarse en un lineal donde compite con decenas de referencias, y cumplir con la normativa de etiquetado sin que las menciones obligatorias rompan la composición. Empezamos catando y hablando con la bodega sobre cada varietal, para entender qué matices querían destacar de cada vino antes de tocar el ordenador.
A partir de ahí desarrollamos un sistema de etiquetas con identidad propia para cada referencia, pero reconocibles como parte de la misma familia de producto: mismos códigos tipográficos y de composición, con variaciones de color e ilustración que ayudan al consumidor a distinguir un blanco joven de un tinto de crianza de un vistazo. Cuidamos también el tacto y el acabado del papel, porque en vino el packaging se juzga tanto por cómo se ve como por cómo se siente en la mano.
Probamos varias versiones impresas antes de dar el visto bueno final, revisando cómo se comportaba cada etiqueta en botella (no solo en pantalla), bajo distintas condiciones de luz y en el propio lineal junto a la competencia. Ese paso, aunque alarga el proceso, es el que evita sorpresas cuando el producto ya está en producción.
El resultado es una línea de etiquetas que la bodega ha podido mantener y ampliar con nuevas cosechas y varietales, conservando la coherencia visual de la marca sin tener que rediseñar desde cero cada vez que sacan una referencia nueva.
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– 2021–